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mujer pidiendo limosna en la calle
10 mar 2019
Los beneficios de la limosna

Muchas personas que se apegan desesperadamente a los bienes materiales, no dan limosna a los necesitados, alegando que quien la recibe se degenera aún más y se convierte en un mendigo, drogadicto, holgazán, etc. Sin embargo, el problema mayor está para quien no mantiene el dinero o cualquier otro bien que tenga en circulación atrayendo a su vida la escasez que viene de no participar de lo que se tiene al necesitado y de paso de poner freno a más abundancia que se recibe del donar en muchos de los aspectos de la vida.

No se trata de quedarse sin nada para darlo todo a los necesitados, sin embargo, cada quien puede dar a su medida de lo que tiene y quiere recibir.

En su libro, Allan Luks explica como la limosna ayuda a la reducción del estrés. Al proporcionar ayuda se aumenta la producción de endorfinas que fortalece la salud mental. Mas allá, potencia un cuerpo más en forma. Ayudando a los demás de todo corazón se mejora la condición física y aumenta la esperanza de vida.

Con la caridad viene la felicidad. En varias investigaciones se ha demostrado que por invertir la riqueza en el camino de la bondad de ayudar a otros se animará la producción de hormonas de la felicidad en nuestro cerebro. Otros estudios llevados a cabo en 2006 demostraron que realizar donaciones desinteresadas reduce la hipertensión o presión arterial alta. Las personas que prefieren y tienen la motivación para compartir la felicidad con los demás gozaran de una presión arterial más estable.

Por supuesto, ayudando al que lo necesita económicamente proporcionaremos energía adicional a las personas que reciben nuestra ayuda. Por lo tanto, ayudamos a reducir la carga de problemas. Todos nos beneficiamos indirectamente de esta energía transmitida ya que convivimos en un mismo entorno social. Fomentamos la esperanza y el creciente optimismo general de la sociedad, en nuestra medida.

Por otra parte, y no directamente relacionado con cómo nos sentimos, donar limosna ayuda en gran manera a la reducción de la tasa de criminalidad y aporta al abanico de soluciones a problemas derivados de la brecha socioeconómica.

La limosna nos activa las neuronas, nos ayuda a ir por el mundo con otra actitud. La actitud de “ir mirando”, o sea, de estar alerta para darme cuenta de lo que le ocurre a la gente con la que me encuentro a diario. Es llevar una vida de predisposición activa hacia los demás.

Al mirar a los otros, aprenderemos a leer en su rostro y a escucharlos. 

Un abrazo del equipo de Donar y Compartir

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