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EL TIEMPO
17 feb 2019
¿PUEDES DONAR TIEMPO?

Aun en el tiempo actual, es evidente que podemos hablar de la existencia de esclavitudes. En los países avanzados es una forma “obligatoria” de vida y se muestra difuminada tras una aparente vida normal y libre.

A partir de aquí quién sea feliz, perdón Feliz (con mayúscula), puede dejar de leer.

Buscar la felicidad, es el objetivo innato de todo hombre. La Felicidad es algo concreto, un estado que alguien o algo lo tiene que crear. Yo soy Feliz porque lo que ocurre a mí alrededor de forma continuada, está generando en mí ese estado. De forma continuada, porque de forma puntual, podemos llamarle placer. No debemos definir la Felicidad como, muchos estados puntuales de placer continuados. Es inviable, demasiados altibajos, el placer pasa de 0 a 100 y viceversa.

¿Quién o que, de forma continua y permanente, puede crear en nosotros este estado llamado, Felicidad?. ¿Quién? Alguien que siempre este vivo. ¿Qué? Algo que nunca alcance la obsolescencia. Si pensamos en alguien, evidentemente debe ser Dios o algún otro ser sobrenatural eterno en quién puedas creer que existe. Si pensamos en algo, lo entenderemos como algo tangible y todo resulta más fácil aparentemente, porque si es palpable con nuestros sentidos, la vista, el gusto, el tacto, el oído, el olfato, nuestro cuerpo transmite rápidamente a nuestro cerebro un mensaje, “me gusta”, le envía un like y nos pasa a un estado de placer.

De modo que nuestro objetivo diario consistirá en poner delante de nuestro cuerpo todo aquello que “le gusta”, allí donde se encuentra nuestro cuerpo en cada momento, consiguiendo estados puntuales de placer intentando conseguir que sean continuados, sin dejar espacios de tiempo que nos saquen de ese estado. Dirá, lo que veo con mis ojos, lo que oigo con mis oídos, lo que olfateo con mi nariz, lo que toco con mis manos, lo que degusto con mi paladar, me gusta, dámelo siempre.

Si a estos antecedentes le incorporamos la realidad de que nos morimos, que nos vamos a morir; entonces, lo que tengamos que hacer lo debemos hacer durante un tiempo, un tiempo limitado, entre nosotros, podemos llamarle, un tiempo que nos lleva a la muerte, según lo consumimos, estamos más cerca de ella.

Entonces, nuestra vida “ya tiene un sentido”, ya tenemos algo, un objetivo que nos motive a levantarnos cada día, ser felices durante todo este tiempo que aunque nos lleva a la muerte, le llamamos vida (si no tuviera fin la llamaríamos Vida).

Y ¿Cuál es el termómetro? ¿Cómo sabremos si estamos siendo felices? ¿Quién nos dirá que vamos por el camino “correcto”?  Nuestro cuerpo, cuando se lo comunique a nuestro cerebro. De modo que ya tenemos para quién dedicarnos cada instante, para quien vivir, para nuestro cuerpo, ese será nuestro ídolo, nuestro dios (con minúsculas porque no es eterno, llegará a su obsolescencia, terminará en polvo, evidentemente habrá perdido sus cinco sentidos).

Bien pues empecemos. Del atardecer al amanecer. Necesitamos para nuestro cuerpo, ejercicio físico, un esfuerzo, pero del que le gusta; mantenerlo joven y envidiable; mostrarlo en sociedad, en las redes sociales para conseguirle likes; un frigorífico y despensa llenos para esa parte suya llamada estómago, una de las primeras en enviar likes al cerebro; mucha tecnología a su alcance a través de la que hacerle llevar, imágenes y sonidos de los que le gustan; unas herramientas de comunicación que le permitan huir de la realidad de soledad a la que no le consigue sacar ningún provecho, o de la realidad del entorno hogar que puntualmente se le muestre adversa; conseguirle una pareja atractiva que le de placer sexual y le guste, a quien puntualmente le pueda comprar afecto con un poco de dedicación; evitarle otros seres humanos cuyos cuerpos indefensos necesitan de su ayuda continuamente; o en su defecto, que no sean muchos y que le sirvan para volcar sobre ellos sus frustraciones, conseguir de ellos lo que ya no es posible en el, y todo tras una aparente muestra de entrega; una vivienda aclimatada y con todo el contenido necesario para generarle el confort que le gusta; un vehículo para que se desplace de la mejor forma al trabajo o una localización geográfica adecuada para que no se esfuerce en el desplazamiento; unos compañeros de trabajo y/o superiores cuyos cuerpos, envíen a sus cerebros dosis de envidia al verte y a través de cualquiera de sus sentidos, te lo hagan ver; un empleo apropiado para conseguir para bienes y palmadas de felicitación en su espalda, por el trabajo bien hecho; conseguirle ser deseado por su prestigio, por su poder; darle la presidencia o un cargo en una ONG para buscarle elogios y agradecimientos visibles, en el mundo solidario; rodearle de otros cuerpos, “amigos”, de los que recibir afectos; en tiempos de ocio mostrarle las mejores vistas en la naturaleza, las mejores experiencias, los mejores entornos, y conseguirle admiradores con los que crearle el superego, con muchos likes en las redes; en general, ocultando a la vista de los demás, sus debilidades, sus carencias, evitando bajarle del pódium.

Y “sólo con eso”, ya tenemos garantizada la felicidad durante este tiempo llamado vida.

Y aquí llegamos a la conclusión final y lógica. Si queremos vivir y ser felices, debemos darle a nuestro cuerpo todo lo que le gusta, y lo que no le gusta pero lo necesita, dárselo disfrazado, cada instante, todo el tiempo, toda la vida. Dar la vida, nuestra única vida, a nuestro cuerpo, a nosotros, que somos nuestro cuerpo, darnos la vida, vivir para nosotros, vivir para quién te da la felicidad, tu ídolo, tu dios, tu cuerpo, tú mismo, estar siempre en "mode on" para ti, tu tiempo sólo puede ser para ti, no hay más tiempo, si algo sobrara también es para ti. El tiempo no es nuestro, es de nuestro dueño que paradójicamente es nuestro cuerpo, de modo que ¿somos libres porque no vivimos para nadie más que para nosotros mismos o esclavos porque no podemos hacer otra cosa?

Pero no, este no es el final, nos falta un último detalle. Para todo lo anterior hace falta la materia prima, el DINERO. Todo lo que necesitamos entrarle al cuerpo por sus sentidos, en mayor o menor cantidad, necesita comprarse, sólo podemos darnos lo que queremos si disponemos de dinero, debemos dedicar tiempo a conseguirlo, no es opcional, necesitamos conseguirlo, y en la cantidad suficiente para comprar lo que hemos decidido que es necesario a nuestro cuerpo, aunque sea poco (el idealista convencido, vive “al día”, orgulloso de que trabaja para vivir no vive para trabajar, aunque está dispuesto a hacer lo que sea por conseguir ese mínimo, porque su cuerpo lo necesita y él le obedece).

Y ahora sí, la conclusión. No hay otro camino, sin dinero no hay felicidad, ya hemos descubierto el verdadero dios, a cuyos pies nos vamos a inclinar de por vida, el dinero será el medio para alcanzar nuestro estado de felicidad que es el fin. El dinero se obtiene normalmente con el trabajo. Trabajamos para tener dinero, para poder satisfacer las apetencias de nuestro cuerpo, y mantenerlo para que pueda trabajar para conseguir dinero, para darle lo que necesite para que pueda trabajar para hacer dinero, para …. (entramos en bucle) Y llegado el tiempo de salida del mercado laboral (ancianidad, invalidez) conseguirlo de forma pasiva, tiempo durante el cual viviremos contándolo y guardándolo, diciéndole a nuestro cuerpo que puede estar tranquilo que no le faltará de nada el día de mañana. Ese es el sentido de nuestra vida … Perdón ¿Cuál?, dirás si has llegado hasta aquí leyendo.

Esto es, a por ello, vivamos para nosotros mismos, la vida es una y con fecha de caducidad, nuestro tiempo lo necesitamos en su integridad para nosotros. Ya que no podemos ser libres y somos esclavos del dinero para darnos la felicidad, seamos unos esclavos felices. Dicen algunos pensadores que nadie, después de muerto, ha vuelto a la vida. Esperemos que nos traigan a muchos que vivan sólo para sí mismos y sean Felices, esto nos motivará.

Otros dicen que la vida no se termina con la muerte. Que la vida es eterna. Que ahora se desarrolla en la tierra y luego en el Cielo. Que el tiempo que comprende la vida en la tierra ya no es un tiempo que nos lleva a la muerte. Que nos lleva a la Vida, que no tenemos una Vida finita, ni un tiempo limitado, sólo partido; en la segunda parte, nuestra alma (porque no sólo somos cuerpo) será Feliz permanentemente. Que la Fe nos permite experimentar eso y el resultado es que la primera parte, el tiempo en la tierra, lo podemos dar, todo o una parte, lo podemos regalar a otros que lo puedan necesitar, porque ya no vivimos para nosotros mismos, vivimos para Dios que nos ha creado y libres para no hacerlo, que nos regala un tiempo en la tierra, que nos asegura un tiempo infinito en el Cielo. Que vivir así nos concede vivir en la tierra muy parecido a como viviremos en el Cielo, libres, felices y satisfechos, porque Dios nos ha hecho LIKE, uno pero suficiente para siempre, murió por nosotros en la cruz hace 2000 años, no necesitamos más likes de nadie. Donó no sólo su tiempo, su Vida. Así ha sido Feliz y nos puede hacer Felices. Un misterio, da y es Feliz. Podemos dar nuestro tiempo, nuestra vida, por otro, por un hijo, por un padre, si llega a ser el leitmotiv de nuestra vida estamos perdidos de nuevo, serán nuestros dioses efímeros, su desaparición nos llevaría de nuevo al sin sentido y a la muerte óntica (=del ser =dejas de ser =deja de tener sentido la vida), porque en el fondo habremos dado con condiciones, para recibir.  La Felicidad es dar, cuando no necesitamos recibir porque el recipiente de esa “sustancia” ya está lleno y no se vacía, nos lo llenó Dios y no lo vaciamos. Damos likes, podemos querer, aun sin ser queridos, porque con el Amor de Dios ya nada nos falta. Y podemos vivir el instante, el presente, tener experiencias inolvidables, vivirlas "como Dios", y con las personas que tenemos a nuestro lado, sin necesidad de más likes, de que otros cuerpos envíen dosis de envidia a sus cerebros cuando nos vean ¿felices? en fotos y videos.

Podríamos buscar dónde conseguir esta nueva visión de la Vida, parece como que quita presión, una válvula de oxígeno, aire limpio, luminosidad, quizá vivir así sea el estado de Felicidad. Yo lo hice una vez, bueno ya han sido varias, desobedecí a mi cuerpo que le apetecía otra cosa, o peor, no le apetecía nada lo que le proponía hacer, pero lo hice, lo molesté y además di tiempo, del mío, para conseguir algo bueno para otra persona, y lo mejor, este es el gran misterio, sin posibilidades de agradecimientos, la persona en cuestión no lo ha sabido nunca, ni ella ni nadie. He de confesar que la experiencia de no vivir para mí, un tiempo, y no necesitar likes de agentes expertos, ni de mi cuerpo al cerebro, si no de mi corazón a mi alma, es inigualable. La cuestión es ¿Por qué queriendo hacerlo no lo hago cada instante? Porque sigo esclavo de mi cuerpo, combato con él, cada vez gana uno.

¿Gestionas tu tiempo? ¿Priorizas por importancia? ¿Para quién? ¿Eres libre? ¿Puedes desobedecer a tu cuerpo?¿Tienes tiempo para donar?
 

Sinceramente, Gabi Martinez (fundador de www.donarycompartir.org)
 

 

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